“Al final de cuentas, todos estamos esperando el fin del mundo”.
1Q84
Haruki Murakami.
Las historias de este escritor japones están a la mitad de la realidad y en ensueño. Todo puede suceder y sucede. La versión japonesa de la ley de Murphy.
Resulta que cada vez que iniciamos un proyecto, vamos con la expectativa de terminar bien. Entregar en tiempo y forma el producto o servicio comprometido.
De la misma manera que para un programador y un usuario final, el tiempo es relativo en el asunto de la velocidad de
respuesta, lo mismo ocurre con el producto final. De acuerdo a las expectativas del usuario, puede tratarse de un
producto bueno, si cumple los requerimientos iniciales, o muy malo, en el cual se ha perdido tiempo y dinero.
Resulta que para este ultimo proyecto, de proporciones gigantescas, me he encontrado, con que no solo la habilidad para administrar tiempos y recursos es importante. Ahora empiezo a considerar las habilidades de los integrantes del equipo:
¿se encuentra la persona adecuada en el lugar adecuado? ¿Bajo que condiciones se ha decidido que una persona cumple con los requisitos necesarios para entregar el trabajo en tiempo y forma?
Depender de la buena fe de las personas no es suficiente, cuando lo que esta comprometido es el tiempo y trabajo de los demás.
Las prisas no son buenas, por lo menos, cuando hago memoria, no logro encontrar una situación en la que haber dado
una respuesta rápida, haya sido la mejor. Con cabeza fría y viendo en retrospectiva, me doy cuenta que haber tomado 10 minutos que consideraba no tener, se habría ahorrado re trabajo y dolores de cabeza.
Todo el conjunto:tiempo, personas, tareas, habilidades personales, habilidades de equipo, el tamaño del proyecto me llevan a considerar que administrar es un arte.
¿Te haz encontrado algunas vez en una situación en la que haber tomado una decisión apresurada, te salvo el día?